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La música en la era digital (Parte 1)



Es cierto que alguna música se arruina por los intentos de reformarla para una mayor aceptación comercial, pero la verdad es que sin comercio no hay música. Si no hubiese conciertos, discos, marketing, patrocinio, vendedores de equipos, promotores, vendedores minoristas, gerentes, profesores, espacios para conciertos, editores y la prensa musical, prácticamente no existiría ninguna música tal como la conocemos. 

Música
Para hablar sobre la “Música en la Era Digital” es probable que sea útil realmente empezar desde el principio y considerar el significado de estos dos conceptos (‘Música’ y ‘Era Digital’) tanto por separado como en conjunto. 

Mi intención no es ‘definir’ la música. Ustedes probablemente ya saben lo que es cuando están frente a ella. Christopher Small (1998) sugiere abandonar la idea de la ‘música’ como un sustantivo, y más bien discutir la noción de ‘musicar’ (‘Musicking’) - un verbo. La música no es algo que podemos tener en nuestras manos o poseer. Podemos poseer un pedazo de papel, o un disco de plástico, pero esas cosas no son música - y tampoco es, en última instancia, lo que sale de los altavoces o emana del piano cuando los puntos en la página son interpretados por un pianista. 

La música es una actividad que hacen las personas – y a menudo es algo que las personas hacen juntas. Se trata de una actividad social y cultural, más que de una mercancía. Y en esto él tiene razón, se hace mucha más música por motivos sociales y culturales que por motivos comerciales. Cantamos ‘Feliz Cumpleaños’ el uno al otro, cantamos canciones a nuestros hijos para ayudarles a aprender, nos involucramos con la música para celebraciones, ceremonias y rituales religiosos. 

Las definiciones de música son en el mejor de los casos problemáticas, y necesitan incorporar la comprensión de fenómenos estéticos, sociales, artísticos, comunicativos, antropológicos, filosóficos y físicos. Las definiciones precisas de música no tratan el punto en cuestión cuando intentamos dilucidar los primeros principios importantes para nosotros aquí, pero no necesitamos saber sobre que estamos hablando cuando estamos discutiendo acerca de esto. 

Su música es comercial 

En aras de la simplicidad, y porque es la parte que sin duda más les interesa a ustedes, voy a ser completamente reduccionista desde el punto de vista cultural aquí, y simplemente hablaré sobre lo que confusamente se conoce como Música Popular. El término Música Popular no significa ‘la música que es popular’ o incluso ‘la música pop’, por el contrario, se refiere a aquellos tipos de música que son creados, interpretados o producidos en relación a los tipos de intercambio cultural que son en esencia comerciales. 

Lo sé, lo sé – el término ‘comercial’ tiene todo tipo de connotaciones negativas. Yo no estoy hablando de ‘comercialización’ de formas musicales folklóricas, independientes o de otro tipo, sino del simple hecho que casi toda la música que escuchamos está vinculada inextricablemente con el comercio. Como Simón Frith (1988) señala, sin el Negocio de la Música, no hay música. “La industrialización de la música no puede entenderse como algo que le sucede a la música, ya que describe un proceso en el que se hace música en si mismo – es decir un proceso que fusiona (y confunde) argumentos económicos, técnicos y musicales” Por supuesto, están pensando pero ¿qué pasa con las personas que sólo aprenden a tocar un instrumento sólo por placer, y sólo para tocar entre amigos? – la respuesta es que la música que tocan – su forma, estructura y derivaciones – surge de un tipo de música que se diseñó para ser tocada y ejecutada en un entorno comercial. Incluyo a la música clásica y al jazz en este contexto. La mayor parte de la música folklórica también, (Lo digo porque varias de las músicas folklóricas son expresiones puramente culturales y comunicativas que existen para ser ejecutadas en funciones sociales independientemente de la relación artista / audiencia donde hay un valor que se intercambia). 

Existe la idea generalizada de que la música es la expresión pura y natural que ocurre de forma creativa y artística entre los seres humanos, y luego viene el comercio y corrompe todo. Yo digo que esa es una tontería obvia. Música y Comercio no son conceptos individuales o entidades que existen ‘allá’, separados de las Personas. La Música y el Comercio son las dos Cosas que las Personas Hacen. 

Es cierto que alguna música se arruina por los intentos de reformarla para una mayor aceptación comercial, pero la verdad es que sin comercio no hay música. Si no hubiese conciertos, discos, marketing, patrocinio, vendedores de equipos, promotores, vendedores minoristas, gerentes, profesores, espacios para conciertos, editores y la prensa musical, prácticamente no existiría ninguna música tal como la conocemos. En su nivel más simple, ¿quién va a formar una banda si no tenemos un referente cultural de lo que una banda significa y para qué sirve? Salvo esas músicas que existen exclusivamente para la tribu y para una función social de la comunidad - e incluso éstas están disminuyendo ya que la ‘Música del Mundo’ es capturada y comercializada para un mercado dispuesto – la música y el comercio están inextricablemente unidos. 

¿Por qué, si estas cosas son simplemente parte de un mismo fenómeno, tenemos esa tensión permanente entre el arte de la música y el comercio de la música? Porque claramente hay una tensión. La forma más sencilla de explicarlo es que las personas son un problema. Los músicos son egoístas y costosos. Las compañías discográficas son codiciosas y corruptas. Las audiencias son ladronas. Los promotores son estafadores. Los editores son parásitos. Los minoristas son poco imaginativos. La Prensa especializada regurgita inútiles relacionistas públicos o ha desaparecido por completo por su propio culo. 

A menudo nos basamos en estas simplificaciones y en los estereotipos para darle sentido al hecho de que estar en la música (y, por lo tanto, en el negocio de la música) es difícil. Más difícil de lo que probablemente debería ser.

Comprendiendo la lógica de la comercialización y la cultura de la música popular 
©2012 Andrew Dubber 



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