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Copia este libro: piratería, derechos y represión



Pirata, ladrón, delincuente, terrorista cibernético son algunos de los términos que se han acuñado en los últimos años para nombrar esa molesta subespecie de humanos que no paga por acceder a la cultura sino que la roba insensiblemente, escudado en el anonimato de la internet. Y es precisamente esta subespecie, la que según las entidades de gestión, editores y detentadores de derechos de autor, está llevando a la ruina lo que por más de dos siglos se erigió como el indiscutible mercado del arte.

De eso trata COPIA ESTE LIBRO de David Bravo Bueno, que con un estilo mordaz e inteligente replantea y pone de manifiesto las artimañas empleadas por los grandes lobbys comerciales para hacer valer, lo que ellos mismos han dado en llamar, “derechos corporativos” por encima del interés general e incluso de derechos fundamentales como la libertad de expresión.

Demandas, adoctrinamiento, multas, represión, asesinatos, gobiernos clientelistas, artistas mercenarios, la lista puede ser larga, y lo es; todo para que la humanidad se mantenga en un estado de constante dependencia y no pueda darse cuenta que la han esclavizado y ella continua aplaudiendo.    

Un libro corto y sustancioso que para nuestro caso colombiano toma especial cariz debido a la reciente aprobación de la Ley Lleras 2.0, que regula nuestra libertad en el red, y que el gobierno de Juan Manuel Santos a celebrado como un gran logro de cara a “los puertos seguros” que estipula el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. 


Estracto páginas 91 -92

La perversión del lenguaje.

La elección de las palabras por los medios de comunicación no suele ser casual sino que se hace cuidadosamente para suavizar o agravar la realidad que se nombra.

Es por eso que algunas palabras se visten de gala para salir por televisión. Y es así como consiguen que desaparezcan las guerras que se convierten en intervenciones militares donde hay efectos colaterales, que es el nombre que reciben los que saltan por los aires sin saber de qué va la cosa cada vez que hay una incursión aérea. Ya no hay paro en el paradisíaco mundo del eufemismo sino que hay tasa natural de desempleo, no hay pobres sino carentes y no hay ricos sino pudientes. “Políticamente correcto” es como se llama al disfraz que se pone la realidad para salir por televisión.

Cuanto más leo los periódicos menos preocupado me siento por mis problemas, porque ahora sé que mi economía familiar no se va al garete como creía sino que experimenta un crecimiento negativo y los ricos que me roban por el camino para que eso ocurra no son ladrones sino cleptómanos que se enriquecieron por un golpe de suerte, es decir, que se enriquecieron como por arte de mafia.

Por el contrario, cuando lo que se trata es que la sociedad perciba con recelo una realidad social que por ahora le resulta inofensiva, no hay nada mejor que cambiar el lenguaje y colocarle la palabra adecuada. Y es por eso que aparece en escena la palabra “pirata”, que es como se llama a los que se descargan, entre otras cosas, música de Internet. El hecho de establecer una equivalencia moral entre la persona que se descarga una obra protegida por copyright y aquellos tipos con parches en el ojo que asaltaban y saqueaban los barcos tras asesinar a su tripulación, no es una casualidad sino que tiene el mismo objetivo que los eufemismos: cambiar la percepción que se tiene de la realidad.

Si mezclan los eufemismos con las exageraciones se dan cócteles realmente explosivos. Para la televisión bajarse un disco de Kiko Veneno es piratería pero si los intermediarios se quedan con el 97% de los beneficios que genera ese cantante, no se trata de piratería sino de una “mala negociación del contrato”. Para Kamil Idris, director general de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, “la copia ilegal de Cd’s o piratería es como el terrorismo” y "puede ser una cuestión de vida o muerte", pero llama a los países del "Tercer Mundo" países “en desarrollo” que es “como llamar bajitos a los enanos" como dice, y bien dice, Eduardo Galeano.

Los trileros del lenguaje marean las palabras para fundar un idioma a su medida y una vez que se acepta como algo normal la palabra "piratería" para designar a las descargas de la red ¿quién se atreve a defenderlas? Las connotaciones de la palabra son lo suficientemente negativas como para que la frase "yo estoy a favor de la piratería" suene a demencia senil.

 Manuel García Pelayo, el que fuera presidente del Tribunal Constitucional, dijo que "la
palabra domina un determinado ámbito de la realidad, de donde se desprende que quien posee la palabra adquiere un dominio sobre ese ámbito". Bien sabe esto el poder, que usa los medios de comunicación para cambiar la realidad rebautizándola.




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Redacción 
Vladimir




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